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La historia de nuestras grullas
Hay historias que comienzan mucho antes de que sepamos que algún día formarán parte de nosotros.
Todo empezó con una grulla de papel
Cuando estudiaba Odontología en Madrid, vivía en casa de mi tía abuela Lupe. Ella era una mujer viajera, curiosa y extraordinariamente abierta a los demás.
Un día me conto que iba a quedarse unos días una mujer japonesa que había conocido en el pueblo, Matalavilla.
¿Una japonesa en el pueblo?
Aquello ya despertaba curiosidad.
Miren, como se llama esta mujer, nos habló de Japón, de su cultura y de sus costumbres. Y nos enseñó a hacer grullas de papel. Nos contó que, en Japón, las grullas se regalan como deseo de salud, felicidad y buena suerte, y que también se colocan junto a la cama de una persona enferma como símbolo de esperanza y recuperación.
Quizá por eso nunca llegué a olvidarlas.



Años después, en Ibiza...
Paseábamos mi mujer Cayetana y yo por uno de los mercadillos hippies, cuando vimos unas figuras metálicas con forma de grulla.
Eran viejas. Estaban oxidadas. El tiempo y la intemperie habían dejado su huella sobre ellas. Y, sin embargo, tenían algo.
Seguimos caminando, pero aquellas grullas se quedaron en mi cabeza. Al final, volvimos sobre nuestros pasos y nos las llevamos.
Las enviamos a la clínica y cuando abrimos el paquete ocurrió algo muy curioso: aquellas grullas que en el mercadillo parecían gastadas y olvidadas habían recuperado todo su esplendor.
Las colocamos en la clínica, una junto a la otra, casi como una representación de nosotros dos.

Casi veinte años después
Recibí un correo de Miren. Había vuelto a aparecer.
Después de todo ese tiempo, aquella mujer japonesa que había conocido en casa de mi tía abuela, quería venir a nuestra clínica para tratarse la boca.
Cuando llegó, trajo consigo, como siempre, algunos regalos para los niños. Y entonces vio las grullas.
No hizo falta explicar demasiado. Las reconoció inmediatamente y le hizo muchísima ilusión encontrarlas allí, tantos años después y tan lejos de Japón.



El círculo se cerró
Para mi aquel encuentro fue algo más que una bonita casualidad.
Había una historia que había empezado muchos años atrás, en una casa de Matalavilla, continuando en forma de pequeños papeles doblados, reapareciendo en un mercadillo de Ibiza y que, finalmente, había terminado encontrándose de nuevo en nuestra clínica.
Fue entonces cuando pensamos que las grullas tenían que formar parte de nosotros.
Decidimos actualizar nuestro logotipo e incorporar en él algo que ya llevaba muchos años acompañándonos. Contactamos con Juanma Salví, magnífico diseñador de Ponferrada, y después de muchas ideas, pruebas y cambios, encontramos el equilibrio.
Pequeños detalles que fueron llegando después...
Cuando Miren volvió a la clínica para continuar con su tratamiento, vio el cambio del logotipo y le gusto tanto que, en las siguientes citas, empezó a aparecer con pequeños detalles relacionados con las grullas.
Como si aquella historia que había empezado tantos años atrás hubiera cerrado por fin un círculo.


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